
Suenan igual pero son totalmente diferentes. Las oyes todo el tiempo, desde el momento en que te despiertas hasta que te vas a dormir. Una de ellas es más fuerte que la otra y ambas te dicen lo que tienes qué hacer. Sin embargo, tú eres quien decide a quién escuchar.
Dos voces, una sola cabeza.
La mayoría de la gente escucha la voz más fuerte. La que está en negrita, que a veces parece como si te estuviera gritando. Es más fácil escucharla porque tiene más sentido... por lo general está vinculada a tu estado de ánimo, al pasado, y a los miedos que has tenido.
¿Por qué debo perdonarla si nunca se ha disculpado por lo que ha hecho? ¿Por qué debo humillarme ante alguien que ni siquiera merece mi respeto? ¿Por qué debería confiar en ella si todo el mundo me ha decepcionado de alguna manera?
Estas voces tienen mucho sentido, especialmente para nuestra naturaleza humana, que se siente atraída por lo que no es bueno. Puedes escuchar esas voces en cualquier lugar y en cualquier momento. Son demasiado claras como para pasar desapercibidas... y te atormentan mientras figen estar haciéndote un favor... Tiene más ventajas que la otra voz, pero es la que deberías ignorar siempre... Aquellos que escuchan esa voz hacen lo que quieren, logran lo que quieren, y, sin embargo, nunca están contentos con lo que consiguen.
La otra voz suave, sin embargo, también habla en todo momento pero casi nunca se le presta atención. Y cuando finalmente es escuchada, no tiene mucho sentido. Te pide que vayas en contra de todo lo que eres, todo lo que sabes, y lo que tú sientes. Nunca es perjudicial y, sin embargo, tu ego se siente atacado. A menudo en cursiva, suave, muy elegante y debo decir que... aquellos que escuchan esta voz no hacen lo que quieren y terminan consiguiendo todo lo que nunca pensaron que podrían conseguir. La excusa que dice “es demasiado bueno para ser cierto” no es aplicable.
El secreto no ha cambiado. Es el mismo que hace miles de años. Escucha la voz correcta para que puedas tomar las decisiones más acertadas y así obtener lo que deberías tener: una vida.
Cristiane Cardoso











