Viernes, Febrero 10, 2012
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Mi madre murió

mymotherdied¿Qué es lo que una persona normal haría si recibiese la noticia de que su madre falleció? Lloraría. Correría al hospital o a la casa para estar al lado de la fallecida y al resto de la familia. Dejaría todo lo que estuviese haciendo y comenzaría a reunir fuerzas para vencer el dolor de la pérdida. E incluso después del entierro, necesitaría de algunos días, tal vez semanas, para recobrarse emocionalmente y regresar a la normalidad.

La skater canadiense Joannie Rochette perdió a su madre hace dos semanas en Vancouver, mientras competía en los Juegos Olímpicos de Invierno. La madre, que fue a celebrar la participación de su hija en las Olimpiadas, sufrió un ataque cardíaco y murió en la habitación del hotel donde estaba hospedada.
Joannie tenía una decisión que tomar o abandonaba la competición y se rendía a sus emociones para llorar y enterrar a la madre, o ignoraba su muerte y seguía en los juegos para perseguir su medalla.

Ella escogió la segunda opción. Y el mundo la aplaudió. Al final, Joannie ganó la medalla de bronce.

Un día, un discípulo del Señor Jesús le pidió: “Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Pero Jesús le dijo: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos. Cuando entró Jesús en la barca, sus discípulos le siguieron” (Mateo 8.21-23).

Permíteme que vaya primero...

Aquel discípulo quería seguir a Jesús, pero primero sepultar al padre. Absolutamente comprensible, delante de los ojos humanos. ¿Quién condenaría a Joannie si ella hubiera decidido abandonar las Olimpiadas para sepultar a su madre?

Pero el Señor allí mostró lo que era PRIORIDAD. Si alguien Lo quisiese seguir, tendría que colocarlo en primer lugar, por encima hasta del padre y de la madre y de cualquier otra cosa. Y cuando un momento difícil se presenta, éste no sirve de disculpa para colocar a Dios en segundo lugar. ¡Ni la muerte del padre o de la madre lo justifica!

“No he comido de ella estando de luto, ni he tomado de ella mientras estaba inmundo, ni he ofrecido de ella a los muertos. He escuchado la voz del SEÑOR mi Dios; he hecho conforme a todo lo que me has mandado” (Deuteronomio 26.1).

Comer el diezmo en el luto significa usar una disculpa para tocar en el diezmo. “Señor, toqué en el diezmo, pero fue por una buena razón”. No existe buena razón para ser infiel. “Querida, yo te traicioné con aquella mujer, pero es que ella era muy guapa…” ¿Alguna esposa o marido traicionado aceptaría disculpas ante una traición?

El diezmo significa que Dios está en primer lugar – no importa la razón, disculpa, explicación o justificación.

Después de hablar aquello al muchacho, Jesús entró en la barca, y sus discípulos lo siguieron. Se supone que el muchacho también, pues él tuvo que decidir allí en ese preciso momento.

Y usted, ¿va a entrar en la barca o va a enterrar a su padre?


Obispo Renato Cardoso

 

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